De Bander - Abbas hasta Shiraz son 12 horas en un destartalado autobús con un calor tremendo.
Suerte del bidón de agua fresca al que acudo cada poco a beber o empapar el pañuelo.
Shiraz es una ciudad interesante.
El Santo sepulcro de Sayyed Mir-Ahmad es un centro de peregrinación muy famoso. La gete se amontona para tocar y besar el famoso sepulcro.
El interior está todo recubierto de pequeños espejos. entré sin problemas embutida en el chador. Camila y yo pudimos curiosear por su interior. El recinto de las mujeres y niños es bullicioso. Madres amamantando a sus bebés, niños jugando, mujeres durmiendo, conversando, leyendo o escribiendo. Yo me tumbé un rato sintiendo el frescor del suelo mientras Camila correteaba por allí.
Al atardecer vamos al parque Delgosha, rebosante de famílias celebrando la fiesta del viernes. Sobre unas grandes esteras montan la cocina y el comedor. Los niños se remojan en los canales. Es una gozada meter los pies. De allí vamos andando a la tumba del poeta Sa'di.
Otro poeta famoso, Hafez tiene su mausoleo correspondiente y la gente acude a leer allí sus poemas.
Por las mañanas y las tardes la temperatura es agradable, al mediodía el calor aprieta pero ya no es el horno del Golfo Pérsico.
Contratamos en una agencia una excursión a Persépolis y Pasagarda. por 45$. resulta ser un taxi para nosotros solos. El conductor es un hombre reposado y excelente guía.
Las ruinas de Persepolis estan a unos 50 km de Shiraz y conservan la grandeza y esplendor del imperio aqueménida.
Alojamiento y comidas
Hotel Eram. 40 $. Está muy bien.
YAZD 26-28 de Julio de 2004
Arrancamos de Shiraz casi a las 8 h. Se echa en falta el aire acondicionado. El viaje se hace largo y sudoroso. Llegamos a las 15 h.
Por la tarde visitamos la mezquita del viernes.
Las callejuelas , llamadas “sabbats” son muy estrechas, con arcos que unes las paredes de las casas de cada lado.
Los arcos se utilizan para cubrir los pasadizos y así proporcionar sombra a los paseantes.
Son muy llamativas sus torres de ventilación y las cúpulas de adobe que se elevan por encima de los tejados. Esta peculiar fisonomía logra aliviar los rigores del clima desértico.
Contratamos un taxi para recorrer lo lugares más alejados. Visitamos el templo de Zoroastro ( donde la llamita eterna ).
Más tarde nos acercamos a las Torres del Silencio, en las afueras, donde los zoroastrianos antiguamente dejaban los cadáveres a merced de los buitres. Luego echaban los huesos a un pozo situado en el interior de las torres y los cubrían con cal viva. Subimos a una, aunque no hay por donde penetrar en su interior.
Damos un paseo por los jardines Dolat Abad, donde se encuentra el palacio del gobernador y sus coloristas vidrieras. Están de reformas.
Grupos de visitantes nos piden posar para una fotografía.
Por la tarde buscamos un mirador sobre la ciudad vieja llamado Hussein. Es una sencilla azotea. Desde allí hay una buena vista de la ciudad vieja.
Alojamiento
Toda la construcción es de barro, con una torre de ventilación tradicional.
Cinco de las habitaciones dan a un patio con un pequeño estanque. También hay habitaciones colectivas, más baratas ( creo que 2€ p.p. )
Por la noche el patio se llena de gente que viene a cenar, toman el té o helados. A las 23 horas cierran la cocina y una hora más tarde la tetería. Se está muy bien.
Mezquita Eman, en un extremo de la plaza del Imán. Es preciosa. En una de las salas descubro una cúpula impresionante, donde todo el que entra da palmadas o taconea en el suelo para escuchar como resuena. Como ya es costumbre, me tumbo en el suelo siguiendo con la mirada los trazos, las formas y colores.
ISFAHAN
29 - 31 de Julio de
2004
La plaza del Iman Jomeini
está desierta de día, pero al ponerse el sol bulle de animación. Para
contemplarla bien se puede subir a la terraza del Palacio Ali Qapu.
La gente se
sienta alrededor del estanque a comer helados. Los venden en una esquina de la
plaza y están muy buenos, aunque no hay mucha variedad, sólo de vainilla y chocolate sobre un vasito de galleta. Siempre hay cola.
Algunos
niños chapotean las aguas del estanque. Camila hace lo mismo todas las tardes.
¡Qué envidia me da! Yo me he de conformar el helado.
En los jardines Shahid
Ra’jari se pasan las horas sin sentir. Mucha gente disputa partidas de ajedrez
y Alex es convidado a participar. Camila también encuentra niños que la animan
a jugar a pelota. Yo me quedo sentada en la hierba, dejándome impregnar por la
paz de la tarde.
El Palacio Hasht Behesht,
del siglo XVII, se encuentra en estos jardines. Lo están restaurando y no se
puede acceder al piso superior. Estaba todo decorado con pinturas y mosaicos.
Muy abierto al exterior, como un mirador. El otro palacio cercano es Chebel
Sotum, también en un jardín, frente a un alargado estanque. De sus 40 columnas
sólo quedan 18, sustentadas por leones de piedra. En su interior abundan las
pinturas de batallas y escenas bucólicas de enamorados escanciando lo que
parece vino.
Mezquita Sheik Lotfollah.
En la plaza del Imán. Es pequeña, con un portal revestido de cerámica azul.
Sólo tiene una sala de oración, con una cúpula que corta la respiración. Me
tumbo en el suelo, bajo un baile de colores azules, amarillos, blancos y turquesas.
Mezquita Eman, en un extremo de la plaza del Imán. Es preciosa. En una de las salas descubro una cúpula impresionante, donde todo el que entra da palmadas o taconea en el suelo para escuchar como resuena. Como ya es costumbre, me tumbo en el suelo siguiendo con la mirada los trazos, las formas y colores.
La ruta por el Gran Bazar
nos ocupa toda una mañana. Nos perdemos a menudo por el laberinto de
callejones, patios, caravasares, casas de té, baños y galerías. Las zonas están
repartidas por gremios. Hay un tráfico incesante de motos, bicis y carretas
empujadas a menudo por ancianos al límite de sus fuerzas. En la zona cercana a
la plaza del Imán abundan las tiendas productos para turistas.En su interior visitamos la mezquita Hakim, aunque costó mucho de encontrar. Entramos en una madraza. Los profesores llevan túnica blanca, capa y turbante blanco o negro. Parecen flotar sobre el suelo.

Seguimos hasta la Mezquita del Viernes. Se fue construyendo desde el siglo XI hasta 1800. Es enorme, con el patio más grande de Irán y muchas salas con bosques de columnas, cúpulas, decoración de mosaicos y azulejos. De regreso hacia la plaza del Imán nos topamos con el minarete más alto de la ciudad que más se asemeja a la chimenea de una fábrica textil, toda de ladrillo.
Para ir al puente Sio Seh
tomamos un taxi. Tiene 33 arcos y en el piso inferior hay una casa de té y
comidas. Seguimos por la ribera hasta el puente Khaju, del siglo XVII. Tiene
dos niveles. No podemos ver los pabellones decorados del piso superior porque los
están restaurando.. Lo cruzamos al otro lado. Camila y yo nos quedamos en un
jardín, a la sombra de los árboles, mientras Alex marcha a la catedral armenia
de Vank, en el barrio de Jolfa. Como el río no cubre más allá de los tobillos
los volvemos a cruzar Camila y yo con las sandalias en la mano, disfrutando del
frescor del agua.
En el restaurante Shahrzad se come bien y está muy animado. Muchas
familias con niños.
Seguimos hasta la Mezquita del Viernes. Se fue construyendo desde el siglo XI hasta 1800. Es enorme, con el patio más grande de Irán y muchas salas con bosques de columnas, cúpulas, decoración de mosaicos y azulejos. De regreso hacia la plaza del Imán nos topamos con el minarete más alto de la ciudad que más se asemeja a la chimenea de una fábrica textil, toda de ladrillo.
Por las calles es frecuente encontrar bidones de agua fresca. Nos es de gran ayuda para no deshidratarnos.
Alojamiento y comidas
Hotel Aria. 20 $ la
habitación con cuarto de baño que dispone de una enorme bañera pero huele a
cañería embozada. TV y nevera ( con un solo enchufe ). Al día siguiente
descubrimos una enorme cucaracha salir por el desagüe.
Cambiamos de hotel la
tercera noche: Hotel Azadí. 54 $ ( casi 400.000 r. ) Está limpio, sin olores
raros ni visitas inoportunas.
Rest.
Bastani, donde descubrimos unos platos que nos encantan y rompen la monotonía:
berenjenas asadas en salsa y lentejas diminutas con patatas chips muy finas y
carne de cordero. El lugar está muy bien, tiene un patio cubierto por un toldo,
con una fuente. Es mejor para la cena, al mediodía hace mucho calor, mejor una
mesa cerca de la entrada. En el hotel Azadí también hay restaurante.
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